“LA IMPORTANCIA DE GARANTIZAR
ESPACIOS DE CRECIMIENTO EN CONTACTO CON LA NATURALEZA Y ESPACIOS VERDES”
Escribe: Mgr. María Teresa Galeano.
Psicóloga clínica. Máster en Terapia Familiar. Docente Universitaria de la UC.
Tel.: (595 21)234268. Celular: 0981.416466. Fanpage: Teresa Galeano Psicóloga.
Mail: licgaleano@gmail.com
Toda
una generación de niños crece marcada por el sedentarismo y sin contacto con
los espacios abiertos al aire libre. Esa vida trae sus consecuencias: obesidad
infantil y estrés son los problemas más habituales, pero también se registra un
aumento en la depresión y los desordenes anímicos. El periodista Richard Louv
estudió estas problemáticas, forjó el concepto de “déficit de naturaleza” y
estableció propuestas para superarlo.
¿Qué
es el déficit de naturaleza?
El síndrome o
desorden de déficit de naturaleza es el término que el escritor Richard Louv
recientemente le dio al resultado en los niños de hoy en día de vivir y
crecer lejos del contacto con la tierra.
Este fenómeno ha sido expuesto por muchos escritores, educadores y
psicólogos y representa una de las amenazas más importantes para nuestros niños
y jóvenes de la actualidad. Al crecer en ambientes que carecen de las
oportunidades dadas por el aire libre y la naturaleza los niños pierden
importantes espacios de desarrollo cognitivo y de comportamiento.
Por ejemplo, la exploración alimenta la creatividad y la capacidad para
resolver problemas. Muchas de las destrezas de convivencia se desarrollan en el
juego al aire libre, no solo con otros niños sino también con los diferentes
habitantes del bosque o el jardín.
"El Síndrome de déficit de la
Naturaleza no es un diagnóstico oficial, sino un modo de ver el problema, y
describir los costos humanos de la alienación de la naturaleza, entre
ellos: uso disminuido de los sentidos, dificultades de atención, y tasas más
elevadas de enfermedades físicas y emocionales. El trastorno puede ser
detectado en los individuos, las familias y las comunidades. " - Richard
Louv, Last Child in the Woods-
¿Contribuye
esto al desarrollo de la creatividad o no?
El cuento de 'Heidi', escrito en 1880 por la suiza Johanna Spyri, sirve
de metáfora para lo que algunos expertos empiezan a considerar como el nuevo
mal del siglo XXI: el síndrome de déficit de naturaleza. Para alguien
acostumbrado a vivir en el campo, las grandes ciudades pueden generar ansiedad
o claustrofobia, pero el síndrome que afecta a los niños parece atacar a un
nivel más profundo: al desarrollo cognitivo y de comportamiento.
Cuando Heidi, la inocente niña huérfana que vive con su abuelo en una
cabaña de los Alpes suizos, es enviada a Fráncfort para hacer de dama de
compañía de Clara Sesemann, la hija inválida de una familia pudiente, Heidi se
marchita y enferma. Una vez devuelta a la naturaleza, Heidi recupera toda su
salud. A la inversa, cuando Clara, con la que traba una fuerte amistad, va a la
montaña a visitar a Heidi, consigue levantarse de su silla de ruedas y dar unos
pasos.
Hasta ahora, la situación se había descrito al revés. Varios estudios
han afirmado que el contacto con la naturaleza ayuda a los niños con trastorno
de déficit de atención por hiperactividad (TDAH) a mejorar sus síntomas. De
hecho, las salidas al campo han sido el clásico remedio de las enfermedades
psiquiátricas. Pero la nueva tendencia lo plantea de otra manera: el
alejamiento de la naturaleza es la causa de los trastornos, incluido el que
afecta a la salud física y mental a largo plazo de los niños.
Las señales de que un niño está 'alienado' van desde la hiperactividad
hasta el ostracismo y la obesidad. Problemas cuyos diagnósticos ya se dan, pero
que se suelen tratar por separado.
Realmente, no existe todavía un gran respaldo médico a esta nueva
teoría, surgida de un libro que fue un éxito de ventas en EEUU. 'Los últimos
niños en los bosques: salvar a nuestros hijos del trastorno de déficit de
naturaleza', del periodista Richard Louv, recordó el profundo cambio que ha
sufrido la infancia en los últimos tiempos. Hasta hace 30 años, dice Louv, los
niños jugaban entre los árboles o en el campo. Hoy, muchos de ellos saben más
que antes de especies amenazadas, pero la digitalización ha hecho que sus
experiencias sean más virtuales que reales.
¿De
qué manera influye en el nivel de madurez de los niños?
Somos varios los que nos
preguntamos con frecuencia si no es insalubre
que la generación más joven no estimule su imaginación en
espacios abiertos. Louv decidió indagar en esto cuando investigaba para su
libro "El futuro de la infancia" y descubrió que la falta de contacto
con la naturaleza tiene
efectos físicos y psicológicos en las personas.
Los niños pasan
demasiado tiempo encerrados.
Van de la casa a la escuela, a centros de actividades y a casa otra vez.
Entienden más que los adultos de tecnología y muestran mayor facilidad para
adaptarse al cambio.
En muchas cosas
parecen ser más "avispados" de lo que éramos nosotros a su edad o
hasta, quizás, más inteligentes. Sin embargo, esta "madurez"
prematura les está jugando en contra. Cada vez son más comunes el síndrome de déficit de atención
y la obesidad infantil
y hay otros efectos como el estrés o la depresión que pueden estar ligados con
la falta de naturaleza en sus vidas.
Cuando un niño se
golpea o corta en la actualidad, los padres se alborotan; en seguida van al
médico y lo llenan de remedios, vendas y cuidados. No es que esté mal cuidar a
nuestros hijos, pero estamos ejerciendo una sobreprotección que ignora nuestras
propias experiencias.
Louv destaca que no
son las ciudades y la tecnología los únicos responsables del déficit de naturaleza;
los padres forman parte de las causas. La inseguridad social creciente nos
obliga a remarcar más que nunca el "no hables con extraños" y limitan
el esparcimiento de nuestros hijos a un área marcada y conocida, a moverse en
automóvil y no salir mucho de casa.
En el libro "El
último chico en el bosque" Louv sugiere que los niños que son
expuestos a la naturaleza
muestran mejoras intelectuales, espirituales y físicas en
comparación a los que se mantienen encerrados.
Las actividades en la
naturaleza probaron disminuir el estrés, mejorar la concentración y promover
resoluciones creativas a problemas. Louv y varios investigadores más consideran
que ésta es una buena terapia
para el síndrome de déficit de atención y otros males que
afectan a los niños. Louv va un poco más allá, sugiriendo que mientras aumentar
la exposición de los niños a la naturaleza puede ayudarlos a centrarse, la
existencia de desórdenes
es evidencia de que dos generaciones de alienación pueden haber
resultado en un daño considerable ya hecho a nuestros niños.
Los niños necesitan de
la naturaleza para
desarrollar sus sentidos de aprendizaje y creatividad. Estudios en Estados
Unidos, Suecia, Australia y Canadá han demostrado que los chicos que juegan en escenarios naturales
(con ríos, campos y árboles) son más propensos a crear sus propios juegos y
mostrar mayor cooperación que aquellos que juegan en escenarios armados. Y es
que en los ambientes controlados no hay verdadera experimentación ni riesgo.
Aunque, precisamente, el riesgo es lo que los padres desean evitar, es lo que
más nos enseña y estimula la creatividad a la hora de encontrar soluciones.
El déficit de naturaleza
no es una enfermedad que requiera de pastillas o tratamientos inclementes. Por
el contrario, puede solucionarse recuperando esa costumbre perdida que tan bien
nos hizo cuando nosotros fuimos pequeños. Louv ha iniciado una campaña
denominada para ayudar a disminuir las horas que los niños pasan conectados a
un medio electrónico.
Estos programas están
implementándose en diferentes países, sumando experiencias en ambientes
naturales a las materias de ciencias en las escuelas y excursiones de 3 días al
aire libre y en contacto con la naturaleza.
Los chicos de ahora
aprenden de naturaleza
en sus libros y entienden más sobre la selva amazónica de lo
que nosotros comprendíamos años atrás. Pero la falta de contacto con la
naturaleza intelectualiza el aprendizaje y los vuelve desapegados. Y son ellos
los que deberán luchar por preservarla de aquí a unos años. Es hora de volver a
encarrilar nuestra unión con la naturaleza. Tanto la de nuestros niños como la
propia.
Se habla de que esta situación es un
resultado de la cultura misma, de este siglo, sin embargo ¿qué citaría también
como otras causas de este fenómeno?, por ejemplo ¿inseguridad social?
Nuestra cultura es una cultura
del consumismo, nuestros niños tienen de todo: playstation, juguetes, ropas, wii, la
computadora. Pero les falta el contacto
directo con el medio ambiente. Los niños que no se relacionan con el entorno
son más individualistas y obesos, y menos creativos.
Lastimosamente, muchos niños crecen
hoy sin vivir estas experiencias: su único contacto con la naturaleza es a
través de la televisión y la computadora.
La expansión urbanística se ha tragado
los espacios verdes. Y restricciones legales impensables hace 30 años los
han reducido aún más. Hasta los árboles de los parques se rodean de barreras
para que los niños no trepen y evitar posibles demandas.
Los padres de hoy también difieren de sus
antepasados en una cosa: ven el exterior de su casa como algo amenazador.
Temen que rapten a sus hijos, que les vendan drogas...
Patología. La consecuencia es lo que Louv define como “trastorno de
déficit de naturaleza”, un término inventado, pero que diversos estudios
asocian con una serie de síntomas: déficit de atención e hiperactividad,
obesidad, ausencia de creatividad y curiosidad, ignorancia sobre la vida
natural, falta de comunión con el entorno, individualismo y escaso sentido
de comunidad. “Por suerte –señala Louv–, hay un antídoto: devolver a los
niños al entorno”.
De hecho, colegios muchos colegios han empezado a acercarse
a la naturaleza han constatado sorprendentes mejoras en las notas y
el comportamiento de los alumnos. Y no hay que viajar lejos. Incluso
cultivar plantas en la terraza o en un minihuerta puede ayudar al niño a
establecer vínculos con el medio natural. “Las consecuencias son claras –señala
el experto–. Menos trastornos por déficit de atención e hiperactividad,
menos riesgo de depresión y ansiedad, más autoestima, mejor desarrollo
cerebral, más curiosidad y creatividad y mejor conexión con la comunidad y
el entorno”.
LA SITUACIÓN DE ESTE FENÓMENO EN NUESTRO
PAÍS.
En este sentido el Paraguay es un país
que vive dos realidades. Las grandes urbes y la/os niñ@s que están creciendo en
ciudades desarrolladas están viviendo este Déficit de naturaleza. Pero por otro lado la gran paradoja es que en
el interior de nuestro país ocurre lo contrario hay muchos niños que no tienen
contacto con la tecnología ni si quiera con un nivel de educación aceptable.
Muchos niños viven cultivando la tierra o van descalzos al colegio… Y tampoco
tienen acceso a la tecnología y viven otra realidad y están lejos del mundo
globalizado. Muchos solo se plantean la desnutrición y un nivel de educación
primaria.
“Restaurar la relación con la naturaleza interesa a nuestra sociedad, y
no sólo por cuestiones estéticas, sino porque nuestra salud mental, física y
espiritual dependen de ello”.
¿Qué cambios deberíamos hacer en nuestras ciudades?
• Convertir los espacios abiertos de los alrededores de las ciudades en zonas
de naturaleza accesibles y “vivibles” para la población.
• Diseñar centros comerciales con zonas verdes.
• Crear jardines y huertos en los patios de nuestras casas.
• Diseñar nuevos conceptos de parques en los que niños puedan vivir realmente
la naturaleza.
• Incluir la relación con el entorno en los planes de estudio.
• Diseñar colegios que integren la naturaleza en sus espacios.
• Propulsar energías limpias, que aseguren un aire menos contaminado para las
futuras generaciones.
CALIDAD DE
VIDA
A lo largo del tiempo, el concepto de Calidad de Vida ha sido definido como
la calidad de las condiciones de vida de una persona, como la satisfacción
experimentada por la persona con dichas condiciones vitales, como la
combinación de componentes objetivos y subjetivos, es decir, Calidad de Vida
definida como la calidad de las condiciones de vida de una persona junto a la
satisfacción que ésta experimenta, y, por último, como la combinación de las
condiciones de vida y la satisfacción personal ponderadas por la
escala de valores, aspiraciones y expectativas
personales, no obstante, se estarían omitiendo aspectos que intervienen
directamente con la forma de interpretar o no las situaciones como positivas o
no, es decir, aspectos que influyen la
escala de valores y las expectativas de la
personas: la cultura.
Pues bien,
la calidad de vida es una categoría multidimensional, presupone el
reconocimiento de las dimensiones
materiales, culturales, psicológicas y
espirituales del
hombre, combate el concepto de
hombre unidimensional y uniforme y obliga a
desplegar mucha
creatividad para aprender la diversidad humana.
Lo anterior se acopla a la perfección a la mayoría de las tendencias actuales
quienes rechazan el concebir al humano como ser lineal, ello se considera
obsoleto, ya que desde su misma corporalidad la complejidad el ser humano es
indescriptible, por ello acercarse a los
procesos desde una forma holística permite mayor
comprensión de esta madeja de factores mutuamente influyentes.